Cada diciembre llega una mezcla curiosa: emoción, nostalgia, reencuentros, comidas familiares, luces y tradiciones que parecen detener el tiempo. Pero junto con todo eso aparece también un patrón repetitivo que muchas personas viven casi sin cuestionarlo: las fiestas se convierten en una especie de permiso social para abandonar hábitos, comer sin consciencia y soltar el autocuidado bajo la frase de “bueno, total, es Navidad”. Este discurso, repetido año tras año, ha normalizado que diciembre sea un periodo de exceso, descontrol y posterior culpa. Por eso vale la pena preguntarte algo con absoluta honestidad: ¿vas a usar estas Navidades para cuidar tu cuerpo… o para dañarlo?
Esta pregunta no pretende juzgarte. Busca hacerte despertar. Porque lo que realmente define el rumbo no es la comida de Navidad en sí misma, sino la actitud con la que decides vivir estas semanas. Tú eliges si diciembre se convierte en el mes en el que te desconectas de tu salud o en el mes en el que aprendes a disfrutar con equilibrio, presencia y respeto hacia tu propio bienestar.
¿Cuántos kilos sueles ganar en Navidad? Y, sobre todo, ¿por qué ocurre?
Aunque cada persona tiene un metabolismo y un estilo de vida diferente, muchas estadísticas coinciden en que durante las fiestas es común aumentar entre 2 y 5 kilos. Este incremento no tiene que ver únicamente con la cantidad de comida, sino también con otros factores que se mezclan: menos rutina, más alcohol, menos movimiento, horarios irregulares y un entorno social donde parecería que decir “no” es casi un acto de rebeldía.
Pero lo realmente importante no es la cifra que marca la báscula el 7 de enero. El verdadero impacto aparece en cómo te sientes: más pesado/a, más lento/a, con menos energía, con más antojos de azúcar, con digestiones más pesadas y con una sensación de desconexión que cuesta mucho revertir después. Y esto puede generar algo aún más duro: la frustración de empezar el año sintiendo que tienes que “arreglar” lo que diciembre rompió.
La buena noticia es que no estás destinado/a a repetir ese patrón. No es inevitable. No es algo que tengas que aceptar resignado/a. Subir peso en Navidad no es una tradición, es un hábito aprendido. Y cuando entiendes esto, puedes transformarlo.
La frase más peligrosa de la temporada: “Bah… total, es Navidad”
Esta frase, tan común y aparentemente inofensiva, es la verdadera responsable de la mayoría de excesos de estas fechas. En el momento en que la pronuncias, estás justificando cualquier decisión impulsiva. Le estás dando permiso a tu parte menos consciente para tomar el control. Es como si te dijeras a ti mismo: “mis objetivos pueden esperar, mis límites pueden romperse, mi bienestar ahora no importa”. Y si la Navidad fuera una noche o dos, podría ser irrelevante. Pero no es así. Esta mentalidad puede extenderse durante semanas enteras.
Las fiestas no duran un día: duran más de un mes. Y cuando durante todo ese tiempo te repites que “da igual”, al final terminas sintiéndote desconectado/a, con la digestión alterada y con una especie de resaca emocional que pesa tanto como la física. La realidad es clara: la Navidad no engorda. Engorda la desconexión. Y la desconexión se puede evitar.
La clave no es prohibir, sino elegir con consciencia
Puedes disfrutar plenamente las fiestas sin necesidad de caer en excesos. No tienes que renunciar a los sabores de diciembre, a los postres tradicionales o a los brindis con quienes amas. Pero sí necesitas desarrollar una forma más consciente de vivir esos momentos, donde tú decides y no te dejas llevar. Disfrutar y cuidarte no son opuestos. Se convierten en opuestos solo cuando actúas sin consciencia. Y para lograr ese equilibrio necesitas tres pilares sólidos:
- Mentalidad consciente: comer desde la decisión, no desde la ansiedad o la presión social.
- Hábitos básicos que no abandonan: rutinas simples que te mantienen alineado/a.
- Estrategia flexible: saber cuándo disfrutar y cuándo equilibrar.
Cuando estos pilares están presentes, diciembre deja de ser un enemigo y se convierte en una prueba que superas con serenidad y orgullo.
Consejos prácticos (y profundos) para una Navidad saludable sin perder el disfrute
1. Define la identidad con la que vas a vivir estas fiestas
Antes de hablar de comida, ejercicios o estrategias, párate y respóndete con sinceridad:
“¿Quién quiero ser en diciembre?”
Esta pregunta es más poderosa de lo que parece, porque tu identidad determina tu comportamiento. Si decides que quieres ser la persona que se respeta, que elige y que se cuida sin obsesión, tus decisiones se alinearán de forma natural. Pero si entras a diciembre sin un rol claro, cualquier estímulo externo puede arrastrarte. La identidad es tu ancla. La mentalidad es tu motor.
2. Nunca llegues a un evento con hambre
Uno de los errores más comunes es pensar: “mejor no como nada antes, así aprovecho la cena”. Esta idea solo provoca que llegues con ansiedad, comas rápido, escojas peor y pierdas la capacidad de regularte. Lo mejor que puedes hacer es llegar con el hambre bajo control.
Antes de salir de casa, toma algo saciante y equilibrado: un yogur proteico, un puñado de frutos secos, un huevo duro, una fruta acompañada de proteína o cualquier opción que estabilice tu apetito. Esto no te impide disfrutar. Al contrario: te permite hacerlo con calma, sin impulsos.

La clave no es prohibir, sino elegir con consciencia
3. No todo lo que está en la mesa merece ser comido
Uno de los gestos más liberadores es recordar que puedes elegir. La mesa estará llena de cosas, pero tú no tienes por qué comerlo todo. Selecciona de uno a dos caprichos que realmente amas y déjate disfrutarlos sin remordimientos. Olvida la idea de “aprovechar porque es Navidad”. No estás en una competencia. No estás en escasez. Estás decidiendo desde la abundancia interna.
Cuando eliges tus placeres con intención, disfrutas más y comes menos.
4. Aplica la estrategia de la mitad
Si un plato te encanta, sírvete. Pero sírvete la mitad. Cuando la termines, haz una pausa consciente. Pregúntate si realmente necesitas más o si ya estás satisfecho/a.
Este pequeño gesto cambia completamente tu relación con la comida. Te obligará a estar presente, a escuchar tu cuerpo y a evitar repeticiones automáticas que no suman nada a tu bienestar.
5. Mantén movimiento diario, aunque sea sencillo.
El cuerpo agradece cualquier tipo de movimiento, especialmente en épocas donde las comidas son más densas y el ritmo cambia. No necesitas gimnasio ni rutinas largas. Lo que necesitas es constancia.
Caminatas de 20 minutos, movilidad articular, estiramientos suaves, ejercicios básicos en casa o incluso bailar un rato. Todo suma. El movimiento mejora la digestión, regula el apetito, baja la inflamación y te mantiene emocionalmente más estable. Es tu aliado silencioso.
6. Aumenta tu hidratación conscientemente
El alcohol, los dulces y las comidas saladas deshidratan más de lo que imaginas. Y la deshidratación se confunde con hambre, lo que te lleva a comer sin necesitarlo. Marca una intención: beber entre 6 y 8 vasos al día. Y si consumes alcohol, alterna cada bebida con agua.
Hidratarte es como darle claridad a tu cuerpo. Es un acto de apoyo y presencia.
7. Practica la filosofía del 80% de saciedad
Este hábito japonés, llamado Hara Hachi Bu, consiste en dejar de comer cuando estás satisfecho, no lleno. ¿Cómo se siente el 80%? Es ese punto en el que podrías comer más, pero ya no lo necesitas. Este simple cambio puede ahorrarte cientos de calorías sin que sientas privación. Y lo más importante: te mantiene ligero/a, con energía y sin somnolencia postprandial.
8. No conviertas cada encuentro en una excusa para comer
Las fiestas deberían ser para conectar, no para llenarte. Si en cada reunión tu foco está en la comida, te desconectas de lo más valioso: las personas. Cambia el enfoque. Habla, ríe, abraza, escucha, comparte. Deja que la comida sea solo un complemento, no el centro.
Cuando el centro es la conexión, el apetito se calma. Porque la verdadera hambre casi nunca es de comida.
9. Acepta que habrá excesos, pero el equilibrio también es decisión tuya
No necesitas hacerlo perfecto. Necesitas hacerlo sostenible. Habrá días con más comida, más dulces o más celebraciones. No pasa nada. Lo que marca la diferencia es cómo actúas después.
Si un día comes de más, al siguiente vuelve a equilibrar: más agua, más movimiento, más ligereza, más consciencia. No lo compliques. No te castigues. No dramatices. El cuerpo es sabio si tú no interfieres con culpa innecesaria.
10. Entrena la forma en la que te hablas
Tu diálogo interno es un factor determinante. Si cada vez que te sales un poco del plan te atacas, te juzgas o te etiquetas, solo alimentas un patrón de sabotaje. La transformación real ocurre cuando tu mente empieza a tratarte como un aliado, no como un enemigo.
Habla contigo con respeto, con firmeza y con realismo. Reemplaza las frases destructivas por mensajes que te mantengan alineado/a:
Y si, a pesar de tus buenas intenciones, terminas las fiestas con algún kilo de más, no te preocupes, el día 5 de enero comenzaremos otro Reto de Transformación de 21 días, en los que te enseñaré a quitarte ese peso que no deseas mantener durante el año. Sidesear más información haz clic en el siguiente enlace: https://www.wedotransformations.com/coach/22c3aa37-dbc3-4045-85d3-70ffd3aee439
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